Entro en desequilibro cuando mas busco permanecer bien. Intento bajar la intensidad sin suerte.
Después de cada tormenta sale el sol me recuerdo a mi misma porque no veo a nadie cerca que me lo pueda recordar. Es que ni con el tiempo aprendemos a dejar de esperar algo mas o lo mismo que das. Pero aunque me encuentre agitada y con una sensibilidad exagerada de pies a cabeza me detengo aunque sea unos pocos minutos a observar. Los arboles, las calles, el sol.
El sol que me entibia el cuerpo entero. Y le agradezco la simpleza de brindarme tanto calor en un día en el que no veo mas que gris.
La experiencia me ha demostrado que lo que a mí me parece evidente casi nunca lo es para el resto de mis semejantes. Estoy tan quemado que ahora vacilo mil veces antes de ponerme a justificar o a explicar una actitud mía y, casi siempre, termino por encerrarme en mí mismo y no abrir la boca. —Ernesto Sabato, El túnel