Dibujo lo que quiero ser cuando sea grande, había escrito la señorita en el pizarron.
Cuando abrí la cartuchera, me encontré con un lápiz negro, un lápiz amarillo y un lápiz verde y pensé que con esos tres colores no alcanzaba para mostrarle a la seño lo que yo quería ser cuando fuera grande. Le pregunté a mi compañera si me prestaba sus lápices y me dijo que la mamá no le daba permiso, así que tuve que dibujarme con los colores que tenía.
Es muy difícil dibujar lo que querés ser si no tenés colores y nadie quiere prestarte.
La experiencia me ha demostrado que lo que a mí me parece evidente casi nunca lo es para el resto de mis semejantes. Estoy tan quemado que ahora vacilo mil veces antes de ponerme a justificar o a explicar una actitud mía y, casi siempre, termino por encerrarme en mí mismo y no abrir la boca. —Ernesto Sabato, El túnel