Prometeme que nunca mas te vas a lastimar para contarme algo. Prometeme que vas a dejar entrar el sol hasta las tripas. Sos la orilla de piedra donde nadie juega. Yo soy la piba que se abrió la cabeza entre tus filos. Arropame en el mar que te habita, pero hacete mansito. Besame y contame tus miedos, como supieron contarme historias de terror quienes me criaron.
Mi casa soy yo, pero si alcanzo a verme en tus ojos, sé que allá al menos hay refugio. Permaneceré con quien conozca mis sombras, te digo.
El camino a la verdad se parece más al gesto que hace la gente cuando se sorprende, no cuando aprende. La luz somos nosotros, presos y abrazándonos en la oscuridad a la que nos empujaron.
¿Acaso somos los únicos soñadores vivos?
Me maldigo la demora en comprender que a la locura hay que atreverse, no atenerse. Después de todo, vos me mostraste cómo viajar entre universos. El problema es esta maldita condición humana, la eterna condición humana, que me hace querer llevar el cuerpo a todos lados.