La experiencia me ha demostrado que lo que a mí me parece evidente casi nunca lo es para el resto de mis semejantes. Estoy tan quemado que ahora vacilo mil veces antes de ponerme a justificar o a explicar una actitud mía y, casi siempre, termino por encerrarme en mí mismo y no abrir la boca. —Ernesto Sabato, El túnel
Buscando (te)
Vos seguí buscándome con todas tus dudas, que yo voy a seguir dejándome encontrar con toda mi libertad. De qué nos sirve fingir, de qué nos sirve hacer de cuenta que queremos obedecer, si lo que somos nunca tolerará lo que quieren que seamos; si esa voz que me habita me dijo una vez que nada de todo lo que nos sucede puede estar mal si nos hace tan felices. Que podemos elegir otra cosa. Que podemos jugar otro juego. Pero vos no te animás y yo sigo jugando a la libertad sola, mientras te veo desvanecerte en la cotidianeidad, volverte gris y anaranjado, cada día un poquito más. Cada día un poquito menos. Te juro que algunas veces me siento tan sola que si no hablo, es para no dejar ir las pocas palabras que me acompañan. De qué te sirve obedecer ahora, que se extinguieron los filtros, que ya sabés que todo eso que te ofrecen a cambio de quedarte con ellos es mentira. De qué te sirve dormir en camas tan grandes, si nadie te abraza cuando hay tormenta. Cómo puede alimentarte tanto lujo virtual. Jamás sonó bonita la lluvia sobre los techos de los que siempre han estado a salvo. Quedate conmigo, no tengas vergüenza. Quedate con mis lunares y mis marcas, quedate con mis ganas de verte sonreír, con mis ganas de verte libre. Quedate con lo que te permitís ser cuando estás conmigo.