Alma rota.

La mente es frágil. El cuerpo es frágil.
Creemos que estamos a salvo, pero nadie lo está.
Hay dolores que pueden enloquecernos.
Hay veces que la vida y la muerte se tocan. Aunque sigas vivo, te sentís desaparecer.
No podía descansar, pero dormía todo el día.
Gasté el pijama de tanto tenerlo puesto.
Dejé de estudiar, no podía pensar en otra cosa que no fuera en el.
El yéndose.
Dejé de ver a mis amigas, dejé de salir con gente, dejé de escribir, dejé de comer, dejé de reírme, me costó, pero un día también dejé de llorar.
Habitaba el mundo pero el mundo no me habitaba a mí.
Veía las cosas con la claridad con la que se ven las cosas cuando uno está desesperado.
Veía la infelicidad, la rutina, el aburrimiento, el sinsentido.
Probé de todo para sentirme mejor:
marihuana, tabaco, mirar peliculas de Disney, volver a ver a mis amigas, volver a salir con personas, rezar, hacer alquimia, leer libros de budismo, libros de autoayuda, libros tristes para sentir que ''lo que estoy viviendo no es tan grave'', leer libros felices para sentir ''tengo que resucitar de esto''. Probé meditar, hacer yoga, tomar alcohol, dejar el alcohol, terapia, bailar, hacer deporte. Probé de todo y no funcionó nada.
A veces, no hay otra cura que el tiempo.
Pasé un año entero con el corazón desotrozado.
Fueron mas de trescientos sesenta y cinco días en los que creí que iba a enloquecer.
Me salvó la esperanza.
Había una voz, adentro mío, que me decía muy bajito: Todo va a estar bien. Sé que no sabés cómo, pero todo va a estar bien.
Aprendí con él, que yo también era capaz de destruirme, de mirarme en un espejo y no reconocerme.
Hubo noches en las que me pregunté: ''¿Cómo no me muero de tristeza?''. No era una pregunta exagerada, realmente no entendía cómo no me moría de estar triste.
Hoy, en el fondo, siento que me salvó esa voz de todovaaestarbien.
Tuve que aprender. A fuerza de dolor.
¿Hay otras formas de aprender?
Las hay.
Eso también lo tuve que aprender, enseñándomelo yo misma.
Hay cosas que solo te podés enseñar vos.
Creía que el amor podía deberse. Mi ecuación sentimental decía que si yo sentía amor por alguien, y se lo daba, esa persona iba a sentir amor también.
Pero no, el amor no es justo.
La justicia y el amor no tienen nada que ver.
Enamorarse es como encontrarse un moretón y no saber con qué te lo hiciste.
Te pasó. No importa cómo, te marcó.
Perdí inocencia en esa historia.
Cambió mi forma de ver el mundo.
¿Cuantas vidas entran en una vida?
Infinitas, mi amor, infinitas.
Hay que abrirle la puerta al dolor, para sentir y entender por qué no querés que se quede en tu casa. El que esté libre de sufrir, que tire el corazón a la basura.
Hay que abrirle la puerta al dolor, no cerrársela en la cara.
No son fuertes lo que no lloran, son fuertes los que aprender a lidiar con la tristeza.
Los que no saben llorar, tampoco saben reír.
Creen que sí, pero no saben.
Para reírse con el alma, hace falta tenerla un poco rota.