22 de mayo de 2026

Soy una fanática del amor, y tengo mis conceptos y convicciones bien plantadas. Cuando digo fanática del amor es así, me gusta el amor en las calles, dos personas dándose un beso, mis amigos, los ojos y las carcajadas de ellos, mis hermanos creciendo, las lágrimas de una desilusión. Veo el amor en todos lados, de alguna forma. Para mí, el amor es la forma en la que se me pone la piel con escalofríos cuando él me mira fijo a los ojos. El amor tiene la forma de sus labios y la tibieza de las sábanas cuando estamos los dos dormidos un domingo a las 10 de la mañana. Pueden existir miles de variantes del amor. Lo puedo escuchar en el sonido de su voz diciendo ‘Cele, que linda que sos’ y ahí está parado frente a mis ojos lo que significa para mí el amor y yo estoy rendida mirándolo fijo. Rendida. Lo que más me gusta del amor es la mirada de la persona que ama. Es muy poderosa y transformadora. Lo que más me gusta del amor es que cuando vemos a alguien que amamos descubrimos un potencial que esa persona quizás ni siquiera reconoce en sí. Amar a alguien es saber que tiene la chance de ser muchas cosas y querer que lo crea. Por eso podemos amar incluso a quien no está en su mejor momento. Porque sabemos en realidad quién está detrás de ese dolor o de ese miedo. Por eso cuando vemos a alguien increíble que no logra verse de esa manera nos desesperamos por demostrarle lo que nosotros sí podemos ver. Por eso amo el amor. Porque soy más valiosa desde que alguien me amó y porque me veo mucho más poderosa cuando alguien me ama y porque sé, a su vez, descubrir cosas preciosas en las personas y hacérselas ver, o al menos intentarlo. Ésta también es una gran manera de reconocer el amor y poder diferenciarlo de cualquier otra cosa que se le parezca: el amor no te hace sentir incapaz, es más bien una mirada potente que apuesta por vos mucho más de lo que vos lo harías.